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Que antes de ser mamá ya éramos compradoras impulsivas lo sabemos. Somos mujeres y, por lo general, nos encanta pasearnos por las zonas de tiendas, entrar, probarnos ropa, comprar alguna cosita de decoración para nuestra casa y, hay que admitirlo, comprar también chorraditas que no sirven para nada. Pero bueno, somos así. Nos gusta comprar.

 

Yo era (y soy) ese prototipo de mujer obsesionada con las compras. Que no significa gastar mucho. Simplemente me encanta el hecho de “ir de compras” aunque sea sin comprar. El mero plan de pasear un día soleado por el centro de la ciudad, entrar en decenas de tiendas, ver qué tienen, qué se lleva…y probarme alguna que otra cosa, aunque sepa de antemano que me va a quedar mal. Pero es algo implícito en mí. Un pasatiempos, un hobby.

Desde que soy madre, todo ha cambiado un poco. No es que mi obsesión haya desaparecido (ya le gustaría a mi marido, que lo tengo frito con tanto paseo y tan poca compra), pero sí es cierto que ha tomado otra perspectiva. Si antes todo lo que compraba era para mí, ahora todo lo que compro es para mi peque. Cuando entro en Zara, por ejemplo, mi piloto automático se va directo a la sección Kids. Me conozco la colección de bebé de 0 a 4 años “de pe a pa”. No se me escapa ni una prenda. Las miro todas, una a una, incluso la sección de niño (por si acaso hay algo que también le pueda quedar bien a mi niña). Y si acabo comprando algo, siempre es para ella. Luego, ya de salida, paso por la sección de mujer y echo un vistazo rápido…pero me da hasta pereza.

Pero el verdadero peligro para las mamás obsesionadas con las compras es Internet. ¿Os habéis fijado en la cantidad de pequeñas tiendas online que venden cosas para bebés? ¿Cómo puede ser que haya tantas? Pues fácil. Porque a las mamás nos encanta comprar cositas para nuestros bebés. Nos volvemos totalmente locas. Yo ayer mismo volví a pecar. Estaba sentada en el sofá. Y últimamente mis vistas desde el sofá son terroríficas: juguetes esparcidos por todas partes, un zapato por ahí suelto, calcetines, algún que otro biberón…UN CAOS. Así que en un ataque de histeria cogí el ordenador, busqué en Google “almacenaje juguetes” y fui a parar a una tienda online con muy buena pinta que se llama Oh My Baby. Vi que tenían unas bolsas de lona para guardar trastos que me encantaron. Así que sin pensármelo dos veces le di al botón de comprar. Ahora espero con impaciencia a que me lleguen las dos bolsas que he comprado (si tenéis curiosidad, las podéis ver aquí, son preciosas). Pero no acaba aquí la historia. Tengo que confesar que, además de las bolsas compré también una mochilita en forma de osito que se me hizo irresistible. Así que ya veis. Pecadora total. Mi obsesión por las compras sigue bastante presente, aunque ahora la partida de “gastos varios” de nuestra economía familiar ha pasado de mi persona a la de mi niña. Pero me encanta.

Y es precisamente por “culpa” (o gracias a) mamás como yo que entiendo perfectamente que haya tantas pequeñas e-commerce de productos de bebé como Oh My Baby (oh-mybaby.com) y que además tengan tanto éxito. Y en realidad me alegro. Porque en muchos casos, detrás de muchas de estas tiendas on-line, hay otras mamás que están intentando conciliar su nueva vida de madre con su vida profesional. Y eso hace que mi sentimiento de culpa disminuya un poquito.

En fin, que si eres como yo y te encanta comprar cositas para tu bebé, no te sientas culpable. Es normal. Consuélate pensando que apenas gastas en ropa para ti porque al final la que ya tienes en casa es con la que te sientes más a gusto. Y eso ya es suficiente. ¿O me equivoco?